Soledades. Colaboración especial de Macaón

                                    images “Hoy que la soledad es la última forma del amor”.

                                                                                          Joan Margarit                                                                                                                           

 

Bien asentado está el que no se siente solo en su soledad. Es cosa sólo humana repeler la colectiva alma hasta alcanzar los gozos del escondite. ¿Hay que abrazar o exorcizar al extrañado? ¡La sosegada, dulce y amigable soledad! Libre y traviesa. ¿Por qué oigo que la soledad trastorna al hombre? Toda persona prudente y juiciosa debe saber vivir sin necesidad de nadie y estar preparada para cualquier contingencia. Siempre existe cierta grandeza en la soledad. Vivir solo significa vivir sin pedir disculpas ni recibir reproches (no sé que tengo, ni ganas de pensar en ello, que atraigo el regaño ajeno, seguro que agonizo y el médico me riñe por no morirme como debo). El reproche propio entretiene, pero el ajeno humilla. Además en soledad nadie tiene que soportar mis muecas ni mis espasmos, y eso relaja. ¿Duele la soledad? ¿En el mesenterio, en la andorga, en los molares? Simplemente hay que convertir el alma en cristal de roca. Puede suceder que en ocasiones la soledad sea como tener una gaviota atragantada, pero a cambio permite el grito insubordinado, el estornudo santo, el pletórico sudor. En soledad se aprende a dialogar con las nubes, el mar, los vientos, los pájaros, y sobre todo con el silencio: aunque a veces puede decirte cosas desagradables. La soledad es limpia, higiénica, ni se contagia, ni contamina. Soledad sonora, sin dioses, patrias ni banderas. No hay que temer a los ruidos de la noche, son del aire entre las cosas. Se puede ser solitario como serpiente vieja y no sufrir pavuras a los ecos de las sombras. Hay que saber que todo lo que atemoriza tiembla a la vez y que el rubor de la rosa no significa nada, que la anochecida no palpa, ni la piedra calva gime. Saber que la soledad (no el abandono) no es ningún naufragio agonizante, ni el solitario ningún divorciado de la vida viva con sus delirios amorosos. Y si acaso te aproxima a la medianoche existe la posibilidad de volverse fantasma de uno mismo. Todo se resume en procurar que el vacío sea lo más entretenido posible. Alguna renuncia, un leve naufragio, prensar el alma y beber su jugo, la fiel lámpara encendida, la complejidad de no ser complejo. Lo doloroso se encuentra en la soledad en compañía de  multitud: la llaman soledad del charco. En verdad la soledad es una conquista metafísica, porque nunca estamos realmente solos, sino que ha de llegar a hacer soledad dentro de sí. ¿Quién no le debe algo, o mucho, a la soledad, sea de noche sea de día? Y no existe más diferencia entre vivir solo o en  compañía: igual te irritas, ríes, gimes, cantas o desesperas. Muchos son los que se refugian en ese invento de la vida social, prefieren soportar a los demás antes que soportarse a sí mismo. Siempre hay quien se aburre de su propia sombra. Creo que me arrojaré el esqueleto a la espalda y buscaré algún murciélago fugado, son muy difíciles de conseguir pero proporcionan lo que necesito, por lo  demás siempre estarán los espacios  con sus esencias, siempre estarán los ocurrentes caminos, el pensamiento en lo mucho (o en la nada). ¿Y qué hombre no está solo en el corazón de las tinieblas? Recordar que se nace y se muere sólo.

21 Responses to “Soledades. Colaboración especial de Macaón”

  1. Interesante su disgresión sobre la soledad.
    Me llaman la atención sus referencias al alma:
    “Hay que convertir el alma en cristal de roca”
    “prensar el alma y beber su jugo”.
    ¿Qué es el alma? Me interesa su opinión.

  2. ¡Cuánto celebro que el país de Alicia, que ya daba por muerto, haya resucitado! ¡Y de qué manera! A las felices intervenciones de Siles y del bloguero mayor se une ahora la presencia exquisita y formidable de Macaón. Macaón el grande. Lo que más me gusta de su texto, espléndido, es que hace un canto a la soledad sin caer en la misantropía. Soledad buscada y encontrada, pero no como asco a los demás sino como celebración de la mismidad, si me permite un cierto rasgo de pedantería. Y hablando de pedantería, me permito, Macaón, una observación, que es la vez un modesto consejo. No recargue sus estupendos textos con palabros rebuscados que dan toda la impresión relamida de que quiere ser usted escribidor de fuste. Ya lo es, sin necesidad de, a mi juicio, empañar su cristalina prosa con vocablos pretenciosos. ¿A qué viene lo de en el mesenterio, en la andorga, en los molares? En fin, que una pequeña mancha no estropee un bello traje. Felicidades y a ver cuándo me invitan a mí a escribir una colaboración. ¡Es broma!

  3. Yo diría, con ligereza, que el alma es lo que no es el cuerpo, lo que no es físico, incluso lo alejado, u opuesto, de la razón, del raciocinio, de la inteligencia (el “logos” griego). El alma como sentimiento, pasión, intuición, emoción (el “pathos” griego). “Hay que convertir el alma en cristal de roca”, es una metáfora de libre interpretación, de significado ambiguo. Quizá forzar, convertir, lo interior en algo especial.

  4. Respeto la opinión de Ana R., lo mismo tiene razón, pero el uso de esas palabrejas no era por un pedante “cultismo”, solo trataba de llevar al absurdo la idea de dónde duele la soledad.

  5. Resumiendo: estar solo es una circunstancia, sentirse solo, una desgracia. Lo primero se arregla con el teléfono, el correo, las redes, el bar… también por resumir. Lo segundo, cualquiera que sea su fruto literario, artístico, etc., es, repito, una desgracia. Sólo los otros son importantes, su valoración, ternura, desprecio, indiferencia, ira, interés, codicia, traición, protección… El creador solitario se equivoca cuando cree haber alcanzado la totalidad desde su retiro. En el peor de los casos, está creando para espectadores, lectores, académicos y críticos futuros. Sólo vosotros, significáis. Lo demás es paja, morralla… Sólo vosotros, maldita sea, me suministráis el aire.

  6. Buena prosa, tal vez un poquito recargada para mi gusto. Con algo menos de tersura del idioma quizá también nos habríamos arreglado. Esa cosa fácil, un poco simplona que convierte la prosa castellana en recitativa tan pronto a uno se le va un pelín la mano, y sé de lo que hablo, señor Macaón, he padecido durante años la enfermedad y aun hoy no es raro que me salga un brote. Cuídese y cuide los excesos, con menos trapecismos sintácticos yo creo que podemos arreglarnos.

  7. – Hola, don Perfecto
    – Hola, don Gerundio
    – Hermano mío, aquí de vuelta, como si no hubiera pasado el tiempo. Decíamos ayer…
    – El tiempo, esa carroña, Gerundio ha pasado. Ha acabado todo. Terminó la fiesta. ¡Ay de aquellos Zapateros y Bibianas cuando este blog era joven y nosotros unos deliciosos insensatos!
    – Todo vuelve, el eterno retorno de lo idéntico, Perfecto. Estamos casi todos… Siles, Pancracio, Tirado, Pilar Pineda, Ana R, Seitaridis y Macaón con la batidora de su prosa campanuda y elegante.
    – Y sin embargo…
    – Y dale, hermano, y dale. Vive el momento, carpe diem.

  8. Es que entonces no sería Macaón, sino María Dolores de Cospedal u Horatio Caine con un chupito de más.

  9. Eso exactamente.La batidora que no falle, y si hace falta hasya una ThermoMix le compramos. Por la palabra. Buenas tardes.

  10. (“hasta”)

  11. Soy más anciano. Pero no crean que he desaparecido. Sigo aquí. Soy Pancracio. El del ascensor del Metro de José Antonio. Al que la actual alcaldesa -yo culpo a la alcaldesa- ha dejado desde hace meses sin la Línea 1 del Metro. El admirador de Doña Perfecta y polemista con Don Gerundio. Pancracio, el de Cuatro Caminos. Mire usted, señor Macaón, se pregunta usted “¿Por qué oigo que la Soledad transtorna al hombre?”. Pues es muy fácil. Porque la Soledad debe ser buena moza, pechugona, remorena, y muy limpia. Y luego añade usted: “La Soledad es una conquista metafísica”. De todo lo que escribe se deduce que a usted le gusta Doña Soledad. Bien, no líe usted a esta mujer con metafísicas, invítela al cine, que necesidad hay de abrumar a esa pobre mujer con sus filosofías. Y dice usted: “Seguro que agonizo y el médico me riñe por no morirme como debo”. Pues muérase usted como Dios manda, Macaón, como mueren los españoles, y verá cómo el médico no le riñe, que es como cuando se empeñó usted en andar con un pie en la cuneta y otro en el asfalto. Y si “el rubor de la Rosa no significa nada”, como dice usted, algo significará, que si no, ¿de qué la señorita Rosa iba a estar ruborizada? ¿O es que no la vio usted ruborizada cuando los Premios Príncipe de Asturias con cara de Nuria Espert?

  12. ¿Y doña Perfecta? ¿Alguien sabe de doña Perfecta?

  13. Un ligero y dulce vientecillo del noreste me ha traído hasta este papel, que no es papel sino plástico. Caballeros, señoras siento como si de un golpe con el abanico del tiempo hubiera rejuvenecido no sé, tres, cinco años. Todo pasa tan deprisa que todo parece irreal. Cuando este blog vivía sus días de esplendor gobernaba Zapatero, no podíamos imaginarnos la aparición de meteoritos como Pablo Iglesisas o Rivera. Parece mentira pero este país es muy distinto del de hace un rato. No mejor, no peor, pero muy diferente, y a la vez muy igual, con las querellas de siempre, con las mismas pérdidas de tiempo y energías, con idéntico sectarismo. Bueno, ya digo, yo hace mucho tiempo que no me acercaba por aquí, tal vez el desfasado soy yo. Me parece que la última vez que me tomé un chato en esta taberna Rajoy era todavía jefe de la oposición,

  14. Pues eso, que iba yo a contarles que mi comadre, Doña Perfecta, se fue en primavera a Benidorm, a unos cursitos de tai-chí (pocos días) y todavía no ha vuelto. Me dice que se ha apuntado a una peña de mujeres de que aman a medias, o sea, que a lo largo de su vida sólo han tenido medios amores, ninguno completo. A mí el argumento de la citada peña, que se llama precisamente “Mujeres a medio amor”, me parece perfecto (¿qué otro nombre si no?) aunque no entiendo lo de la sede ¿Por qué Benidorm? Parece que hay razones varias, la primera, obviamente, que la estadística favorece, en ciertos lugares de mucha playa y mucho karaoke, cualquier iniciativa relacionada con mujeres que se desmembran con facilidad, y se dejan un cacho de corazón por aquí y otro por allá. Necesariamente, recogen y guardan -o no- cachos de corazón del uno y del otro, y de no se sabe cuántos, que iban para gran amor, para amor total, pero se quedaron a medias (de ahí el nombre oficial de la agrupación). Todo esto por resumir, que ella me dió muchos más detalles de la cuestión. Sin embargo no pude evitar volver, cuando hablamos, sobre el mismo tema: “Que sí, que lo que te de la gana, pero que sigo sin entenderlo..¿Por qué Benidorm? Y ya se calentó. “¡Porque se bebe, se baila y se folla mucho y se habla poco, pesá!” Y poco más, a día de hoy. Le pediré que, aunque haya decidido hablar poco, nos escriba algo.

  15. Recuerdos a mis abuelos, incluso a mis padres, en tiempos donde no había televisión en casa, sólo la mesa camilla y una radio. No es que fueran muy habladores y sus relaciones sociales apenas salían del pequeño círculo familiar, pero nunca sentí ni escuché que estaban aburridos ni que echaran de menos la presencia de otros. Hoy, con televisores, ordenadores, móviles y demás aparatos, tenemos acceso a multitud de gente y situaciones, y sin embargo, ahora, es mayor el miedo al aburrimiento que antaño. No llegamos a comprender que la soledad forma parte del destino natural del hombre, de que existe un aburrimiento fructífero. Creo que algo falla, que se produce cierta anomalía psíquica al necesitar tanto del otro. Al huir del aburrimiento caemos en las garras de otro mucho peor.

  16. Dos letrillas, que me espera un concurso de pelucas en la taberna irlandesa de unos amigos, aqui en mi nuevo destino ¡Cuánto me alegro de saber que no ha desaparecido Vd! y que no se ha quedado encerrado para siempre en el ascensor como se quedó López Vázquez en la cabina. Ya parlarem (ahora hablo mucho valenciano, especialmente con los ingleses). Un abrazo desde mi propia ancianidad, que también va a más.

  17. Dos letrillas a Pancracio, quería decir.

  18. Es cierto que la sociedad actual, carente o despistada de ideales, tiende al individualismo y puede ser erróneamente entendida como egoísmo (paso de aguantar a los demás) o como vivir en soledad contigo mismo, libre como el viento.. De todas formas, la felicidad, que es el camino o la búsqueda última del ser humano, y, ( hasta diría que la única en la vida), se debe compartir con tu mejor amigo, con tu pareja, con tu familia, con aquellos a quienes quieres o amas… y por esta razón, yo pienso que no es del todo sano mentalmente vivir en una soledad elegida.

  19. Dialogan don Gerundio y Don Perfecto, y se alegran de que tantos viejos tertulianos hayamos vuelto. Pero en un momento del diálogo dice don Gerundio:

    – Y sin embargo…

    Ese “y sin embargo” me pinza el alma, Gerundio. Que lo sepa Vd.

  20. ¡Qué sutil, y sobre sutil lista, es usted Pineda! ¡Y cuánto nos hemos echado de menos durante este tiempo sin saberlo! El “sin embargo” es como un “pero” con vocación totalizadora y “pero”, ya sabe, es el palabro más descorazonador de nuestro idioma. Alguien empieza a hablar de la novela de usted o de la tarta de chocolate que con tanto esmero ha hecho o de su peinado y dice: Qué bonito, que bien te ha salido, pero… Ese “pero” es mortal, se acabó todo, todo se vino abajo. El “pero” acostumbra a llevar muy mala baba. Mi “sin embargo” abarca un espacio mayor que el “pero”, mas no está escrito desde la mala baba vertida hacia fuera, sino desde la prudencia íntima, desde un cierto miedo de decir: cuidado, esto puede ser un espejismo. Ahora bien, Pilar Pineda, usted no es espejismo sino espejo en el que mirarse y encontrarse guapos. Mi abrazo y el de mi hermano Perfecto, que me lo alarga ahora mismo. Salud.

  21. ¡Ay qué tranquilidad! Ya me enredaré en palabrería fina, que cada día me cuesta más, pero que si me pongo me sale. Vuelvo a la cocina y les mando desde allí, Don Gerundio et alters, otro abrazo fraterno. Y, por supuesto, reciban mi gratitud toda. Todavía no se me ha ido el rubor.

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